HAY QUE SER ABSOLUTAMENTE MODERNO.

Lo malo de la historia es que pretendemos extraer de ella una enseñanza definitiva. De la misma forma que en nuestra propia vida padecemos la existencia de mecanismos de defensa que, si bien ya han quedado obsoletos, siguen disparándose frente a situaciones cada vez menos parecidas, limitando la idoneidad de nuestra capacidad de respuesta, el reconocimiento de la historia como guía de comportamiento nos hace actuar de maneras extrañas a nuestra naturaleza y al tiempo que vivimos, prolongando desproporcionadamente en el tiempo planteamientos que ya no llevan a ninguna parte.

Todos buscamos referentes. Los míos, por mis propias idiosincrasias, fueron los abiertamente malditos, los reyes del egoísmo, podría decir. Eso aparte de gente como, por ejemplo, Picasso, que si bien no maldito en la acepción natural del término, sí fue uno de los patriarcas del egoísmo en su vida.

Tomando como ejemplo a Picasso, a su planteamiento de vida y al volumen de sus logros artísticos (que no analizaré aquí), descubro que he tirado demasiado a menudo, frente al envite de ese algo que me advertía que no había manera de llevar a cabo un logro artístico, tal como lo concibo, sin liberarme de mi egoísmo, del referente de su comportamiento para justificar el mío propio. Eso es tanto como decir que he traído al momento actual de la historia, y de mi propia vida, un patrón obsoleto, puesto que mi vida en sí ya no da lugar al egoísmo, siempre y cuando pretenda llevar a cabo un logro, y, además, se desarrolla en una época en la que el nivel de conciencia es superior, y por tanto su exigencia también.

Por eso la historia nos ofrece más un referente de lo que no que un referente de lo que si ha de hacerse (ya decía Rimbaud “hay que ser absolutamente moderno”).

Un patrón de comportamiento que veo en mí como artista y que sospecho compartir con otros artistas es el que se podría resumir en la frase “yo no tengo por qué hacer esto”, siempre relacionado con el dar.

Lo primero que se nos enseña es que hay una parcela propia que hemos de defender a capa y espada de lo que consideramos agresiones externas, para así salvaguardar un espacio en el que consideramos que nace esa pequeña y frágil flor de nuestra inspiración.

El resultado de este planteamiento, indefectiblemente, aboca a la sequía, en forma normalmente de dar vueltas alrededor de un mismo tema, extenuándolo y convirtiéndolo en “nuestro estilo”.

Una época en la que se trata infructuosamente de generar solidaridad es una época embebida en planteamientos sin elevación. La solidaridad es un reflejo natural que nace como consecuencia de un planteamiento interno elevado. Ya podemos pretender comportarnos solidariamente sin sanear nuestra casa todo lo que queramos, que al final la solidaridad será más un molesto tema de conciencia –mala- que un impulso natural.

El arte, el gran arte, nace de abrir la mano, de mezclarse con la humanidad, de sentir en profundidad la empatía y adquirir conciencia de que nuestro único privilegio, prestado, es el de la facilidad de vislumbrar y trasladar lo que vislumbramos, ampliando el espectro de los que nos rodean.

Cuanto menos tratemos de acumular conocimientos, certidumbres, estilos… en suma, acumular a secas (término que únicamente puede remitirse a aquello que desaparecerá cuando desaparezcamos), menos obstáculos opondremos al libre fluir de información a través de nuestras mentes y nuestras manos, que es para lo que estamos.

Siempre recuerdo, o me gusta visualizar, el momento en el que Beethoven, el titánico genio atemporal, decide suicidarse, habiendo perdido completamente el oído, pero se detiene ante el sentimiento de que hay una humanidad que necesita oír lo que el oye internamente. Ahí nace el gran arte. Ahí nació su 9ª Sinfonía. Una música en la que toda la humanidad ha depositado el ideal de lo que será un futuro de hermandad y conocimiento.

Jordi Díez, escultor diletante.

TRANSMISIÓN DEL PROCESO CREATIVO vs TRANSMISIÓN DEL PROCESO PASIVO

En el Kybalión, compendio de sabiduría hermética directamente referido a la Tabla Esmeraldina, atribuida a Hermes Trismegisto, se postula, entre otros principios, el de la Correspondencia: como es arriba, es abajo. Este principio abarca los tres planos fundamentales, el físico, el mental y el espiritual.

En este sentido recuerdo leer cosas de un Pope del monte Athos, un monje ortodoxo de un nivel espiritual inconcebible, el Archimandrita Sophrony, que consignaba el hecho, ampliamente constatado en su experiencia, de que muchos de los monjes con los que compartía monasterio habían iniciado su camino con una experiencia espontánea de unión con el Espíritu Santo. En todos los casos, a partir de cierto momento, ese contacto de cortaba, y sobrevenía sobre sus vidas un erial en el que se veían obligados a trabajar durante muchos años. Algunos de los monjes no lograban retomar ese contacto. Otros lo conseguían al final de sus vidas.

Consideremos este ejemplo como el de máxima elevación posible, puesto que en la humanidad primero van los místicos, que vislumbran y experimentan lo más elevado de manera casi continua. Después los artistas, que se elevan en ocasiones a alturas sorprendentes, gracias a la libertad del juego, con el fin de consignarlas en su obra, y después los científicos, que racionalizan esos hallazgos.

Seguro que todo artista se ha encontrado con el pensamiento, de forma oída y/o de forma vivida, de que las mejores ideas se tienen al comienzo. En una cultura como la nuestra, en la que la juventud representa un campo muy fértil de venta de todo tipo, de manera que se ha creado una especie de concepto bastardo paralelo en forma de que sólo lo joven es válido, parece como que el gran principio hermético se paraliza, y no desarrolla todo su itinerario, es decir, no alcanza su conclusión.

¿A qué conclusión me refiero? A que, en realidad, lo que sucede es que de jóvenes tenemos una conexión con la órbita del conocimiento libre de cargas e intencionalidades, y toda nuestra trayectoria de adultos se resume en hacernos merecedores de esa conexión, hasta lograr que sea consciente. Y justo de eso es de lo que tratamos en TPC.

Personalmente, cuando empecé esculpía grandes formatos de piedra sin demasiados problemas del tipo “no podré”. Obraba con una ligereza que me hacía dar con hallazgos que me han proporcionado no pocos tormentos a lo largo de toda mi carrera posterior.

Cuando la ligereza me abandonó, sustituida por el compromiso con mi carrera, entró a machete la duda, y hoy sé que todo el inmenso rodeo que he dado hasta hoy, lleno de extravíos, tropiezos y aislados momentos de lucidez, me ha llevado a postular cosas que tengo como mis más desarrolladas conclusiones y que en realidad son idénticas a las que en su día plasmaba sin plantearme nada en especial.

Estoy seguro de que todo el mundo ha vivido la experiencia de leer algo que ha escrito hace muchos años y que coincide sorprendentemente con lo que hoy tiene por el fruto más excelso de su experiencia. A esto me refiero. Sólo se diferencia en una cosa: la conciencia.

Este fenómeno nos lleva obligadamente a darnos cuenta de que, efectivamente,  las mejores ideas se tienen de joven, pero que si no se desarrollan hasta interiorizarlas y gobernarlas a voluntad, son ideas volátiles, como tantas, que quedan como propuestas impersonales que siguen estando a disposición, por supuesto, de todos, pero que sólo unos pocos convierten en pan bien hecho, humeante y nutritivo.

En conclusión, el TPC para mí parte de la constatación de este hecho y de la formulación consiguiente de qué pasos han de darse para que ese potencial primigenio, regalado, fructifique en una obra que cumpla con el requisito fundamental de toda gran obra.

¿Cuál es el requisito de toda gran obra? Su potencia de transmisión respecto a que el fuego y la alta visión que la hizo posible reside también en el que la ve, de forma que el que la ve puede elevar su conciencia al nivel máximo de la humanidad.

Naturalmente hay un factor sine qua non puede hacerse uno receptor de semejante legado, y es el compromiso. O dicho de otra forma, vencer resueltamente la pasividad, puesto que un espectador como tal, en realidad no existe. Existe el que frente a una candente proposición de acción es vencido por su pasividad, y existe el que es espectador el tiempo justo para asimilar lo que tiene frente a sí, y al segundo siguiente embarcarse con resolución en un camino que ponga en acción su propia potencia creativa.

Nosotros ¿venceremos nuestra pasividad?

Jordi Díez, escultor diletante. 

OBRA PLÁSTICA

Estamos llevando un hilo paralelo vía mail donde se puso en duda la necesidad de una exposición de obra plástica dentro de este marco teórico. Esta fue mi opinión por mail:
...Claro que no es el objetivo exponer...pero eso no quita que podamos/debamos hacerlo, aunque no sea el fin último, entiendo que forma parte de la tarea. 

Los mecanismos de creación pueden ser prácticamente idénticos, sí, y cuando venga un público a escucharnos, sería interesante mostrar los nexos entre los mecanismos de creación de obras diferentes: Cada artista, con su exposición teórica, obtiene unos resultados distintos... ¿Dónde se enlaza eso con la obra? ¿Dónde cómo y porqué se desarrollan caminos diferentes partiendo de una misma base? ¿Acaso pensamos saltarnos esa parte? 

Una de las bases fundamentales de mi trabajo teórico (como habréis visto en mis comentarios... creo...) es que "la unión" es el objetivo oculto de cada manifestación del lenguaje, ya sea artístico, oral, gestual o intuitivo. Esta idea que comentáis me viene al pelo para mi seminario particular, donde sí pienso hablar de que las diferencias aparentes comparten la misma fórmula, (pretendo hablar de esa base aplicada a leyes de la física, y cómo afecta eso a la composición y cocina de las obras) Por ejemplo hablaré de la peculiaridad de La Relatividad de Einstein, donde indiferentemente de los distintos resultados obtenidos por cada analista, la fórmula que afecta al objeto es la misma. Pretendo aplicar esta fórmula a lo emocional, y por lo tanto, al arte...  porque lo que busco con mi seminario es generar en el público un sentimiento de hermandad con el todo, y darles una razón para poner en duda sus propios posicionamientos impermeables.... de modo que si se mezclan las exposiciones visuales con las teóricas, podríamos aprovecharlo al máximo, y me parece que es la forma de endosar la información al público de forma duradera. 

¿QUé conseguimos exponiendo? Primero le hemos presentado al público esta fórmula base de la creación, común a todos, pese a los diferentes resultados (obras-diapositivas??). Luego la actividad expositiva permitirá al público darse un paseo por las obras reales, con esto interiorizar la información, durante la observación de las obras... además de aportar al espectador una forma de mirar (el arte, pero también el mundo) novedosa para él, lo que nos aportará resultados firmes al proyecto. 

Un abrazo!
Lilith


7 de Septiembre

ἐπιτελέω

La reflexión que sigue a estas líneas es el intento de poner por escrito -y en un cierto orden, si es que el tema mismo lo permite- las ideas que han ido surgiendo en el transcurso de improvisadas conversaciones con mi compañero de trabajo e inquietudes Jordi Miralpeix, participante en este blog bajo el seudónimo de Irim.lux; acicate de la reflexión y único responsable de que ésta se materialice, solidificándose de un modo más perenne que el efímero existir de la palabra hablada. Lo que aquí será dicho ha de ser tomado como un mapa de rutas; una multiplicidad de encrucijadas y superposiciones en diferentes planos que, en interconexión, solo podrán ser apuntadas y, si se tercia y anima a ello, desarrolladas en posteriores intervenciones, en diálogo con los otros participantes de este interesante proyecto. El tema no es baladí: el acto/acción creativa; en ello, de algún modo -y como ya ha sido apuntado en algunas intervenciones de este blog-, se nos habrá de mostrar la singularidad del humano que somos. No es pues un simple hacer que pueda ser yuxtapuesto a un mismo nivel que otros quehaceres humanos sino, más bien, aquello por lo cual el humano –y, con él, el mundo mismo- llegan a ser aquello que son. Así, la pregunta por la creación no puede ser formulada –ni, por tanto, esclarecida- desde los mismos parámetros en que lo son cualquiera otra realidad humana en el modo del habitar: por la desorientación del preguntar, tal vez obtengamos respuestas, pero jamás  esclarecimientos. Si, en último término, toda respuesta pretende, de algún modo, el resultado de hacernos el mundo habitable insiriéndonos en él, habremos de asumir que con el esclarecimiento pretendido nos veamos impelidos inevitablemente a la inhabitable  exterioridad del mundo: el creador es, pues, un extraño, un desubicado –de allí sus visos de genialidad-. Creación, fundación, génesis; en último término: origen. Todos ellos apuntan a un horizonte primigenio, auroral, más allá del cual no hay lo mismo –puesto que “lo mismo” es lo de aquí, el mundo, la presencia de lo presente- sino “lo otro”; no “presencia” sino “pre-esencia”. A este “mas allá” apunta algunos de los conceptos que han ido surgiendo en las diversas intervenciones del blog: proceso (del latín pro-cessus; “marchar-hacia”), método  (del griego μέθοδος, μεθα-ὁδός; “mas allá-camino/viaje/modo de vida”). Cómo ha de ser entendido este “pre”, “pro”, “meta”, este “otro” que nos insinúan las palabras,  es, de hecho, el núcleo vertebrador de nuestro mapa de rutas; de él, y con respecto a él, surgirán cuestiones inevitablemente relacionadas, como son la relación entre creación/cotidianidad/investigación; creador/humano/filosofo; caos/génesis/cosmos. También será a partir de él que se podrá explicitar la función –yo diría misión- del creador con respecto al mundo mismo y a la sociedad; su obra como dinamizadora y transformadora de lo dado, mediante su carácter de cisura y  desencaje: la obra de arte, en su ser creada, de algún modo destruye al mundo mismo insertándose en él al modo de un punto de fuga, al modo de un desagüe a través del cual el todo se escuela desestructurándose, un agujero negro, una singularidad cósmica; incluso la oposición objeto/sujeto, tan cara a la modernidad desde su acto fundacional en el cogitare cartesiano, se diluye en la evanescencia de la vivencia estética. Pero ahora ya, en estos momentos, mi decir es acelerado, desbocado. Pido, pues, disculpas y regreso al núcleo: el “mas allá” del “pre/pro/meta”. Como ya he dicho, solo son una indicación; nos orientan en una dirección –un hacia-, pero, por ellos mismos, son vacíos, vacuos. El contenido, si lo llegan a tener, les viene de aquello desde lo cual son indicación; y el desde a partir del cual la creación se realiza en su dejarlo atrás es el mundo, la estructura reticular de significación y sentido en la que el hombre habita en su cotidianidad (ya decía Zubiri que la distinción fundamental entre el humano y el resto de los seres vivos es que estos simplemente interactúan con un medio físico y aquel habita un mundo). Es por eso mismo que, si queremos esclarecer el carácter de lo artístico, en primer lugar es imprescindible dejar claro qué es eso que llamamos mundo y, que en nuestro habitarlo, nos singulariza como humanos respecto a los otros seres vivos. Si estos se caracterizan y se dejan explicar por el simple mecanismo relacional inmediatizado de interacción estímulo/respuesta frente a las modificaciones físicas del medio, el humano se caracteriza por la inevitable necesidad de mediatizar su relación con el medio a través de la inserción de una totalidad de significación; una red simbólica de sentido en la que toda entidad es aquello que es en su interrelación con todas las demás. El humano es esencialmente un ser simbólico porque es con ellos con lo que inmediatamente se relaciona; es en ellos donde habita; y, a través de (y mediante) ellos que alcanza, desde la distancia, al medio. Es este mediador simbólico aquello que llamamos mundo, y donde inmediatamente habitamos. Así, el preguntar cotidiano por el carácter de cualquier entidad intramundana consiste -y se resuelve- en el encontrar su ubicación y relación con las demás entidades que, a modo de nudos, tejen la totalidad de la red simbólica que el mundo es. Si aquello que a lo artístico le compete –y, con ello, al artista y a la obra- se caracteriza por un “mas allá” de lo mundano –una cierta exterioridad-, el preguntar sobre él no podrá ser resuelto ubicando lo artístico en relación con esta o aquella entidad (realidad simbólica) sino, mas bien, con lo ente en su totalidad (con el mundo como totalidad reticular simbólica), con el simbolizar mismo. Así, el creador y su creación, en su acción creativa (el artista y el arte, si se quiere) se nos muestran como seres esencialmente fronterizos. Solo desde este posicionamiento epitélico de lo artístico respecto al mundo puede ser esclarecida la cuestión sobre el carácter de la acción creativa.

Pau Albors

SOBRE LA MUERTE

Existe un diálogo entre Miguel Ángel Buonarroti y unos amigos suyos, transcrito literalmente por Condivi, biógrafo oficial- y amigo- del maestro que no transcribiré aquí, pero que contaré grosso modo.

La escena se da en el momento en que Miguel Ángel y unos amigos salen de una taberna a horas avanzadas de la noche y uno de ellos propone seguir la fiesta en su casa, ofreciéndoles todas las comodidades, manjares y entretenimientos propios de una persona muy bien acomodada. Uno de los parroquianos acepta la invitación con gusto, sin embargo otro manifiesta aceptar sólo con la condición de que maese Miguel Ángel acepte también. Todos, entonces, quedan mirando al maestro en espera de lo que decida.

El maestro declina la invitación “¿Por qué?” preguntan todos.
Y Miguel Ángel responde algo como “vuestra compañía me resulta demasiado agradable y encantadora. Tarde o temprano noto cómo mi concentración en el trabajo se merma, y es algo que no quiero que suceda, porque he de trabajar”.
Protestas de todos ante el argumento aguafiestas. Pero de entre las voces se alza una que pregunta “Maestro, cuando perdéis esa concentración ¿De qué forma la recuperáis?”

Y Miguel Ángel contesta “a través de un sentimiento profundo de muerte”.
Creo entender lo que el divino maestro florentino expresaba en ese momento. Y creo que lo entiendo porque no me cuesta relacionarlo con algo que vengo sintiendo desde siempre: la excelencia en el arte se da cuando la obra posee el poder de disolver el apego a la vida.

¿Hablamos de algo trágico pues? No necesariamente. He sentido, como todos, momentos de una felicidad y plenitud tales que verdaderamente podría haber caído muerto en ese instante sin demasiada tragedia. También algunos momentos de tristeza oscura en los que morir parecía la única salida. Quizás estamos culturalmente más preparados para reconocer el sentimiento de muerte en la tristeza que en la felicidad, pero creo que un sentimiento de alta potencia traspasa niveles de conciencia, crea un puente directo entre lo alto y lo bajo, cuestionando, entonces, nuestra conciencia actual como único nivel de existencia, por tanto no imprescindible.

He sentido ese estremecimiento disolvente por supuesto con Miguel Ángel, pero también con Bach, con Beethoven, con Arvo Pärt y algunas esculturas clásicas, como las de Fidias, poesía de Machado, de Rimbaud y de Emily Dickinson, pintura angélica de Leonardo, y más cosas que me olvido.

Para mí no existe otra distinción entre el gran arte y el que no lo es.

Jordi Díez, 19 Agosto 2012

¿ Los mecanismos de creación trascienden ?


"Los mecanismos de creación son prácticamente idénticos entre los diferentes artistas y son aplicables a cualquier tarea humana."
Asi empieza el Bloc y así lo leo casi a diario..

Cada anochecer, relajado, respiro profundamente a la vez que inclino como si fuera un lento moviento de taichí, mi cabeza al brillante cielo de verano: y siempre estan allí, esas antiguas estrellas, velando la noche.
Por que son tan increibles ? 
Hace miles años, miles de siglos que sus diamantes nos explican secretas pócimas en voz baja.

Deseamos reproducir esa magia, o disponer de ella a nuestro antojo ?
Si dispongo a diario de ese cielo, por qué debo reproducirlo ?
Qué diferencia existe entre una Obra de arte y lo que recibimos al observar cada día el Cielo?
Será el tiempo ? La disposición ?, nos gusta controlar, nos gusta adquirir y administrar nuestras sensaciones. "Hoy me voy de compras, por qué eso me hace sentir bien".

Me pregunto, donde está el verdadero placer: en ese proceso que continuamente mantiene un vivo recuerdo de las mágicas estrellas, el perfume..  o bien el aliento aliberador que nos produce saber que, por fin, hemos creado y estamos dentro de nuestro propio cielo ?

A) Podemos recrear el cielo, el mar.. como una fotografía y los demás ni se enteran, pero nosotros nos encontramos en paz.

B) Podemos construir nuestro particular universo.. Y los demás ni se enteran, pero nosotros nos encontramos en paz.

Cuando coincidimos con los demás ? 
¿ Por que ciertas Obras transcienden y no son recreaciones de cielos, sino nuevos cielos.
¿ Por que ? A veces, obras absurdas producen un enorme eco social y trascienden ?
¿ Por que, otras obras geniales, nunca trascienden ?


Cuando somos conscientes de la belleza de las estrellas (como todos los demás) y al mismo tiempo estamos totalmente liberados para reproducirlas es el "proceso creativo" un salir de los prismas externos, para entrar en nuestros prismas ? o nunca abandonamos ese ADN original ?

El proceso de creación es un método universal que luego moldeamos según nuestra liberación interior. Si no somos capaces de esa objetividad jamás entenderemos que las estrellas no son diamantes.


TÉCNICA VS INSPIRACIÓN

Hace unos años ya comentaba esto en una cenita con ilustrados que me doblaban la edad. Hablábamos sobre la inspiración y el arte resultante... es muy actual, muy de nuestros tiempos, restarle valor a la técnica, juzgarla, contradecirla, alzar las armas contra ella... Sobretodo en las tertulias, pero el simple hecho de decidir si las técnicas son importantes o no, ya implica la existencia de un caballo de Troya, porque si hay que ser honestos, si la técnica es importante o no lo es, es una decisión del intelecto, y el intelecto dificulta la estancia en el presente continuo del Ser Inspirado. Sí, sí, también la técnica dificulta esa estancia...

"Existen dos caminos para llegar a una Obra Maestra- dije- Uno es la inspiración, donde conectas con el Dios del presente, que te invade y, antes de que te des cuenta, la obra está hecha frente a tus narices. Otra es la técnica. La técnica ha salido de cientos de Obras Maestras, estudiadas al detalle, hasta encontrar qué la diferencian de otras obras. Cada detalle de una obra inspirada, nos detalla una técnica".

Uno puede crear sesenta cuadros, pero jamás serán todos obras maestras... No lo son, pese al ego del artista creador, quien quisiera ser un incesante canal de lo divino... imposible, sobretodo si pretendemos encima ser seres racionales con éxito social, en vez de locos al ras de la demencia... pero tenemos la técnica para que nuestra de creación siga contando el mensaje divino del que queremos ser parte.

Crea, crea en el presente, no lo pienses, haz. Luego analiza y distingue las zonas de tu obra donde fuiste un humano simplemente, distingue en las formas de tu creación dónde la enseñanza disciplinada de las coordinadas sociales ensucia con obviedades. Curvas anecdóticas. Mezclas tópicas. Formas aprendidas a base de cultura. Cuando corrijo sobre una obra que debía haber expresado la naturaleza sublime de la realidad no humanizada, y no lo hace, estoy haciendo dos cosas, aceptar que como artista, no soy un dios, y ayudar a una obra a conseguir su cometido. Para eso estudio Arte, para conocer el idioma, los verbos, los sustantivos, la gramática de la Inspiración y poder recrear sus pasos, con o sin ese gozo temporal.

Luego, el observador, podrá pensar libremente que cada obra de esa serie es una obra maestra, aunque sólo algunas hayan sido realmente obras hechas bajo la potente inspiración eventual que nos invade. No creo que Ser el Creador de "Obras maestras" sea más importante que el mensaje que Una buena Obra pretende transmitir a la especie encasillada que somos los seres humanos. Bajo mi punto de vista, hay un mensaje importante en la existencia de la obra artística inspirada.

Uno de los más grandes caballos de Troya, a los que se enfrenta el artista es su Ego y su ilusión por ser un canal perfecto, olvidando que el mensaje que transmitimos tiene una función muy por encima de nuestros objetivos personales. Si soy honesta, creo que el artista demente vive con ese canal abierto a la inspiración constante, es un canal hermoso que se afea en contacto con la cultura humanoide, con sus Troyanos mentales y sus límites intelectuales y sus conversaciones basadas en juicios y en triunfos... se afea del mismo modo que, en una obra, las coordinadas sociales afean el trazo, la composición y el color. He ahí la lucha de todo ser humano creador. Transmitir un mensaje contrario a la cultura, pero acorde con la cultura... romper las estructuras desde dentro de las estructuras, creo que esa es la razón de que "La Técnica" empiece por distinguir y eliminar de la obra aquellas formas viciadas por nuestro aprendizaje de lo que es. Creo que el mensaje del artista dirige el camino hacia un lugar donde la locura no es locura por contraste, sino armonía por riqueza en matices y la belleza está libre de marcos. Los locos no serían locos y los inspirados no serían dementes, en ese lugar que describen nuestras mejores creaciones.





Estadísticas de visitas del Blog

Estadísticas de visitas del Blog
España, Estados Unidos, Alemania y Rusia lideran las visitas en el Blog de la Transmisión del Proceso Creativo.


El maestro Jedi


Me gustaría desarrollar uno de los aspectos fundamentales que surgen de la problemática expuesta en mi primer texto para que se dé el libre fluir de la inspiración. En mi primer texto hacía mención a una realidad en la que la experiencia me ha hecho creer, esto es, que la inspiración no depende de adquirir cosas, sino de desprenderse de cosas.

A este respecto establecía una analogía entre esas cosas de las que hemos de desprendernos, y la imagen del enemigo infiltrado, el Caballo de Troya. Expuse cómo lo que entendemos como "estar inspirado" es lo mismo que decir "presenciar" de una manera semiconsciente un tránsito de ideas, o información, que se da de continuo entre nuestra parte más sutil y nuestra parte mental. Un tránsito, como digo, continuo, pero que somos capaces de presenciar en la medida que hemos logrado hacer desaparecer los obstáculos que entorpecen la vista, es decir, el Caballo de Troya.

Sobre el Caballo de Troya habría mucho que decir, pero en este momento entrar en definir su naturaleza (totalmente psíquica) sería desviarme de lo que quiero explicar.

Quiero hablar de Yoda, el maestro Jedi, mentor de Luke Skywalker. También quiero, a colación, hablar de un libro de Huxley, que en su momento me paso Irim, La Isla, con sus loros bien entrenados que pronunciaban las palabras "¡Aquí y ahora!", y también quiero hablar de la sentencia latina Age Quod Agis, que da título a una escultura que hice, en relación con el "Nunc Aeternum" cristiano, alguna frase de Buda y alguna otra Zen.

La escena en la que se presenta la graciosamente grandiosa marioneta conocida por Yoda, maestro Jedi, y que entraña en sí el nivel de sabiduría de mayor voltaje que podamos imaginar, viene a ser así: Luke ha ido al planeta en cuestión a buscar a un maestro guerrero, un ser poderoso y aguerrido que le enseñará el camino del Jedi. Al llegar se estrella, quema naves, podríamos decir. No tiene comunicación con el exterior, ni manera de sacar su nave del fango en el que se ha empotrado. Por si eso fuera poco, el planeta al que ha ido a parar es una jungla húmeda y sofocante, a modo de matriz, en la que parece no haber ni tan siquiera un terreno sólido en el que posar el pie. Sumido en el lamento de sus penosas circunstancias, Luke presencia, para su mayor congoja, cómo hace su aparición en escena lo que para él en ese momento no es otra cosa que un diminuto vagabundo-freak vestidillo con harapos y medio loco: Yoda.

Yoda lo enreda todo, en realidad se burla de todo ese batiburrillo de inutilidades que Luke arrastra consigo. Revuelve aquí, desmonta allá... incluso prueba la comida de Luke y la escupe con asco. Claramente no se alimentan de las mismas cosas.

Luke entra, por fin, en la desesperación, toca fondo, podríamos decir. Presa de un hastío cósmico viene a decir "¡Pero qué coño hago yo aquí!".

Es entonces cuando Yoda, con una voz que no es sólo sonido dice "no puedo hacerme cargo de él, nunca está aquí, siempre está en otro sitio". Se oye retumbar una voz en off, la de Obi-Wan Kenobi, que dice "¿No era así yo de joven?". Es entonces cuando Luke, indeciblemente abrumado, accede a la conciencia de que el pequeño individuo que tiene frente así es en realidad un gigantesco Maestro de la Orden Jedi, su Maestro.

Casi todo el entrenamiento que Yoda desarrolla en Luke se orienta a restaurar su conciencia del aquí y ahora.

Existe una famosa máxima Zen de Taisen Deshimaru "la eternidad se actualiza en el ahora y aquí de cada acción". Ese sentimiento de eternidad, que tan querido le es a todas las doctrinas místicas del ser humano, en ortodoxia se comprende como ingresar definitivamente en la eternidad, ser inmortal. Es el "Nunc Aeternum", el eterno ahora, o dicho de otro modo por Jesús en el Evangelio, reivindicando de manera taxativa el momento presente "El tiempo se ha cumplido. El Reino de Dios está cerca", o dicho por Buda "El ser despierto es el que vive el presente con autenticidad". Es también el "Haz lo que hagas", o "Age Quod Agis", en latín.

Recuerdo también, y entrando en las artes marciales como metáfora de la acción auténtica, una máxima de un antiguo Maestro de Karate, tal vez Gichin Funakoshy, que decía, frente a un combate "el principiante piensa qué va a hacer, el iniciado qué está haciendo, el Maestro qué ha hecho" (a este respecto todos pudimos ver, en la película "El último samurái", con Tom Cruise, cómo el personaje que éste encarna se enfrenta a cuatro o cinco matones samuráis en una pelea callejera. Es después de vencerlos a todos cuando recuerda lo que ha hecho, en un flash-back. Algo sabía el guionista de esta máxima).

La mente ejerce, como todo elemento residual que se precie, un peso muerto, por lo que tarde o temprano vuelve a aparecer en lontananza. Puede que lo haga por esta razón, o porque sencillamente ocupa un espacio que ha quedado vacío al retroceder el estado aquí y ahora, y puede que ese retroceso se dé porque, salvo para personas muy avanzadas, salvo para los verdaderos místicos, el aquí y ahora es calcinante, o helador, según las altas cumbres nietzscheanas y, o se encomienda ya toda la vida a gestionar tal flujo de energía, o se accede a él a intervalos, como es nuestro caso.
El Caballo de Troya, el enemigo infiltrado, tiene la virtud de arrancarnos, con su agobiante y vertiginoso discurso, del aquí y ahora. Y ese aquí y ahora es circunstancia sino qua non para que se dé el libre fluir de la inspiración.

Esos momentos que identificamos como inspirados son momentos en los que estamos totalmente inmersos, sin paliativos, sin perturbaciones, ni prisas, ni sosiegos, ni miedos ni penas, ni alegrías ni discursos, en el aquí y ahora, en la eternidad, que diría un cristiano ortodoxo. Porque si algo parece estar claro es que el ser humano siempre ha llevado consigo la conciencia de la importancia suprema de la inspiración, que para el místico es una misma cosa con la iluminación, la comprensión, el conocimiento absoluto. Y en su búsqueda anda el ser humano desde sus orígenes, puesto que, imbricado con este misterio, se halla el misterio de la muerte. Y no hay mayor antídoto para la muerte que la eternidad.

El arte, como expresión de ese estado atemporal y ajeno al espacio, es entonces un modo de desprenderse de las tiranteces propias de la esfera externa al aquí y ahora e ingresar de cabeza en esa ingravidez reparadora y acunante de la eternidad. Porque la eternidad nos resulta familiar. No la abarcamos con la mente, desde luego, pero tenemos algo que se podría parecer a un recuerdo. Y es la añoranza de esa ingravidez lo que nos empuja a esforzarnos por entrar ahí, en ese espacio que nos proporciona el trabajar inspirados, en un conocimiento que no es tal, sino ausencia de desconocimiento, en ese no desacertar tan sorprendente que corona nuestro esfuerzo cuando al fin accedemos a la inspiración. Y estoy persuadido de que el espectador de arte, el que completa el círculo, y sin el cual el arte no se da, accede al arte para presenciar y experimentar esa certidumbre, ese recuerdo en el que el desconocimiento no existe.

Si lo que intento es dar respuesta al porqué del carácter fortuito que siempre se ha relacionado con la inspiración y a cuál ha de ser el camino para estar más inspirado, siento que he de entrar ineludiblemente en este camino de sinceridad conmigo mismo.

Jordi Díez, escultor diletante


En una calurosa noche de verano, por el placer de escribir sobre el proceso creativo de Guillermo Oyágüez…vamos allá…


En una calurosa noche de verano, por el placer de escribir sobre el proceso creativo de Guillermo Oyágüez…vamos allá…

Estoy contigo, Jordi, texto emocionante y nada de tímida participación, por su tremenda sinceridad y, por tanto, valiente, a corazón abierto, como he leído de no sé que escritor. Texto limpio de discurso, que no carente de él, cuestión esencial para la trasmisión del proceso creativo o de la definición del concepto de creación, de su por qué y para qué. El discurso ha sido el gran mal del arte de la posmodernidad, porque básicamente, es lo que le ha sustentado, y la institución museística no se ha quedado atrás en sustentar lo insostenible, la investigadora mexicana Laura González hace esta interesante reflexión en esa dirección:

La consecuencia más radical de estas propuestas de artistificación de tipo conceptual y lingüístico es que socavan uno de los pilares deontológicos más importantes del Arte: el concepto de artista como productor del objeto artístico. Los surrealistas y dadaístas propondrán un nuevo concepto de obra en el que la artisticidad se muestra totalmente desvinculada tanto del proceso de realización de la obra como de su autor. Alguien, que no es el que hace la obra, puede artistificarla mediante la colocación intencional de ésta en un contexto artístico. Pero, si este hecho aún se relaciona con un proceso artístico tradicional, en tanto que la selección aún la hace por elección el mismo artista (Duchamp) u otro artista que no es el autor […] el hecho de que la elección se haga desde una institución (el museo, la galería) toma visos casi cínicos. Así, la herencia que deja la modernidad en la posmodernidad es la de una artisticidad con vínculos más fuertes con el contexto de distribución y difusión de la obra misma que con el interior o esencia de la obra. Mientras la imagen se perciba como artística a través de su colocación, distribución y difusión, la obra será artística.[1]>>( González, 2005, p. 233/234). González también dirá: Si por su fuerte asociación con los valores de realidad y verdad la modernidad había entendido la representación como un proceso epistemológico, el posestructuralismo la considerará un montaje. (González, 2005, p.254).

El cinismo del discurso y de las instituciones museísticas ha hecho, en gran parte, que mucha gente se haya apartado del arte, y no básicamente porque no lo entiendan, sino porque hay algo que no les funciona, rezuma falsedad. Y por eso es necesario trasmitir el proceso creativo, para acercar, a conciencia, el arte, la creación a la sociedad, como algo que les pertenece, como algo que le es propio al ser humano.

Tus palabras Guillermo recogen con sinceridad la expresión de un artista del siglo XXI, y paso a explicarme. El arte hoy, la creación, se ha despojado de toda metafísica, y dice Gombrich:
En nuestros libros de historia, la lucha contra esa doctrina académica es representada generalmente como una pugna por la liberación respecto a un clasicismo pasado de moda. Pero yo creo que nos perdemos mucho del drama real si dejamos de entender el trauma psicológico que se produjo cuando este apoyo metafísico dejó de sostener el respecto que el artista se tenía así mismo. El descubrimiento de que los ideales de belleza variaban según el tiempo y el lugar que todas las normas en el arte eran subjetivas y que la idea de un mundo inmutable de perfección había sido en el arte un sueño tal como lo fue la religión. El único valor que le quedó al artista  era la fidelidad así mismo.
Y ahí creo, Guillermo que se centra tu discurso y tu proceso creativo, por ello muestra y es la expresión de lo que supuso la conquista de los artistas de vanguardia, la ruptura con una forma de hacer arte. Iniciaron un capítulo impresionante en los modos de crear, pero ese momento revelador que recogieron los artistas posmodernos no lo supieron defender y continuar. Creo que, la pérdida de la metafísica, de un referente concreto pasó factura en un periodo en que se sucedieron dos guerras mundiales. El discurso se encargó de sustentar un arte que se encontraba bastante perdido en cuanto a referentes y que se dedicó a refreir lo hecho por los artistas de vanguardia.

El artista hoy está frente así, sin más. La búsqueda del objeto, la conquista de la subjetividad, del mundo del sujeto, los ismos, las etiquetas han sido etapas ya superadas. En el campo digital, en el que estoy actualmente con los alumnos de bellas artes, es la muestra de que un nuevo giro se está produciendo. Y nos es que las nuevas tecnologías vayan a revolucionar nada, los únicos autores de dicha revolución somos nosotros, el hombre, y la tecnología es consecuencia y muestra de ello. Lo digital permite de forma numérica y matemática, de la manera más objetiva, plasmar la realidad del objeto, pero también el mundo subjetivo del artista, la abstracción objetiva, el ensueño objetivo. Añadiendo que hay sensores digitales que son capaces de captar el gesto del artista. Por ello, ahora, la elección está puramente en el artista, de tal manera que, la denominación de figurativo o no figurativo, tal dicotomía se ha quedado obsoleta en el arte contemporáneo.
Creo, sinceramente, Guillermo, que podrías ser artista figurativo o no serlo, que podría ser otro proceder el que diera rienda suelta al hecho de pintar. Hay algunas cuestiones reveladoras que dices al respecto de tu proceder creativo o el porqué del mismo:
…ante la contemplación de ese acantilado y playa virgen, me imaginé como sería en los tiempos en lo que no existía la fotografía, y para alguien que no supiera pintar o dibujar, contemplar tanta belleza y no poder de alguna manera llevársela. Sólo en su recuerdo persistiría ese paisaje infinito, ponerme en esa situación me pareció de una tristeza preciosa, el recuerdo, una imagen guardada en el cerebro. Y al pensar sobre esto, creo que dí una respuesta a por qué cuando pinto, hago la primera mancha del natural o de foto (según el caso) y no vuelvo más a ni uno ni al otro en las sucesivas sesiones de trabajo, para que sea mi recuerdo quien termine el cuadro.

Creo que esta idea responde a uno de los porqués básicos y ancestrales de la necesidad del arte para el hombre y por el hombre. El hombre crea y vive el arte porque le es necesario. En este sentido, que sea figurativo o no, no creo que sea lo trascendental para ti ni para el artista contemporáneo. El oficio te permite abandonarte, y sumergirte de lleno en el propio proceso de hacer, de la creación, no representas, creas tu propia realidad de la experiencia vivida, y eso fue el gran logro de los artistas de las vanguardias y que comenzaron ya los impresionistas. A ellos, aún pegados al objeto como Picasso, no les interesaba la fotografía en cuanto a representación del motivo, dejó de interesarles antes de que apareciera la fotografía, porque la lucha contra el esquema de la academia y la institución ya se había iniciado antes. El hombre conquistaba su territorio, su mundo subjetivo.
A ti tampoco te interesa la fotografía más que como instrumento para…, no está la cuestión en representar la realidad como el hecho de crear tu realidad de la experiencia vivida. Cuando digo que es la expresión de la primigenia necesidad del arte me refiero a que lo que ha llevado a gran parte de los hombres que se han dedicado al arte a la creación es a la necesidad de volver a vivir la experiencia vivida. Creo que no te sirve solo con contemplar o disfrutar de un paisaje, de un escote…jeje, sino que tienes que pintarlo para vivirlo doblemente, de ahí que apartes la fotografía una vez que te sirvió como instrumento, esto es lo que hacían los artistas de vanguardias. El arte es la vía de escape para vivir lo que no se ha vivido o se desearía vivir, para vivirlo doblemente o porque la experiencia vivida no es suficiente, se necesita más. Por eso sabía que en tus palabras iba a salir el tema de la mujer, es un hecho consustancial al porqué y al para qué del crear para ti. Lo cual es una cuestión que ya se ha encontrado en la historia del arte, Picasso es una buena muestra de ello, jeje.
Y estas palabras sobre la necesidad del arte y la creación, me recuerdan y me hacen pensar en porqué cogí yo los pinceles, era una energía que me desbordaba en plena adolescencia y pintar era la vía para volcar esa energía, para vaciar…

Vuelvo a repetir que cuando uno explica el porqué de su trabajo creativo desde la honestidad, muestra el reflejo de una época, modos de pensar y de entender el mundo. Explicar y exponer qué es para ti la creación en plena actividad artística, es una muestra y un reflejo de qué es hoy el arte contemporáneo, de dónde está, explicación válida cuando el trabajo y el proceder es honesto. Crear teorías es crear realidades, cuando una conceptualiza crea realidades, define mundos posibles (por eso me gusta a mí tanto la investigación y me sirve para soltar energía). Posicionarse frente a la creación es definir modelos de pensamiento y conocimiento.
Cuando Newton dijo que el color es luz estaba describiendo un nuevo universo absolutamente revolucionario, que trascendía la propia física y la propia ciencia. Fue la base del proceso creativo de los impresionistas, de su porqué. Al igual que Picasso con su frase “no busco, encuentro” no estaba diciendo nada baladí ni ligero, estaba mostrando un giro en el hecho creativo y en los modelos de conocimiento, era la continuidad de lo que iniciaron los impresionistas.

Los ismos y las etiquetas hoy ya no son necesarios. Lo que sí es necesario en esta edad adulta que ha alcanzado la humanidad, en palabras de Arzuaga, es el arte, la creatividad y la creación, el artista frente a sí mismo, fiel así mismo. La necesidad del arte, de la creación y que sea trasmitido a la sociedad es hoy más necesario que nunca. Todas las creencias, rituales, mitologías, etc. que fundamentaron la explicación del hombre en la tierra, su procedencia y su porqué han dejado de ser válidas o prescindibles, y el arte tiene mucho que decir en eso. Como dice Arsuaga, una vez más, el estudio de la evolución del hombre, nos ha llevado a saber de dónde venimos y porqué hemos llegado hasta aquí, pero la necesidad de mundos simbólicos, de la creatividad, sigue siendo trascendental, de ahí la necesidad del arte.

Ayer en la exposición de Hopper, lo realmente revelador para mí fue la gran cantidad de luz que desprendían los cuadros, la fuerza, la energía, siendo el motivo una cuestión secundaria. El gran logro del artista es que desarrolle la capacidad de trasmitir eso desde sí mismo al objeto artístico en una trasferencia directa, sin solución de continuidad. Y esa experiencia es necesaria tanto para el artista como para los que vamos a contemplarla, vivir doblemente, la necesidad del arte.

No es explicar tu arte, es explicar el porqué de la creación o de la necesidad de la misma y eso necesita ser dicho, para la dignidad del creador, del artista en esta sociedad tan mercantil y materialista, en primer lugar, y para la humanidad en general, en un canto al humanismo siempre necesario. Porque eso, es precisamente, lo que nos hizo superar al Neardental, y que los homo sapiens sapiens estemos donde estamos, lo que nos hizo humanos. Finalmente es posicionarse ante la vida, una actitud ante la misma, la de la creación, la de la sorpresa y curiosidad, la del poner el cariño y la honestidad en lo que se hace, la de la vida de conocimiento, y esa actitud siempre ha de ser defendida y expresada. Es esa idea que ya comenté que la creación es como un líquido que toma la forma del recipiente en que se vierte y para ti, podía tomar forma de restaurante con la misma dedicación y cariño que le pones a la pintura.

El artista de hoy no responde ni debe responder a un ismo o una moda sino a la honestidad, a la dignidad y a la sinceridad sin componendas del porqué de su hecho creativo, el artista frente así, el hombre frente así, aportando a la sociedad desde el lugar que crea necesario, en esa fidelidad así mismo. Y por ello, también estoy totalmente de acuerdo contigo cuando dices “Siempre me ha sorprendido los artistas que pegan un cambio radical en su obra, no tanto por esa transformación, sino por el tiempo que tarda en producirse, si ese tiempo es corto, su trabajo mentía antes o ahora”.

Con tus palabras, pienso, creo que muestras, básicamente, el ser y estar de un artista del siglo XXI, de cómo vives tu la creación.
Y creo que me he enrollado más de lo previsto, se me va la tecla. Espero que te haya servido y qué me haya aproximado a lo que has querido decir con tus palabras.


[1] La negrita es mía.